Comentarios filosófico-literarios: “Fahrenheit 451” de Ray Bradbury

Comentario filosófico-literario de

Fahrenheit 451

de Ray Bradbury

 por Tamara Barreiro Neira

Fahrenheit 451 es una novela distópica escrita por Ray Bradbury, un premiado escritor y guionista americano de gran prestigio. Se consideraba a sí mismo un “narrador de cuentos morales” al crear una sensación de angustia que nos hace aprender cómo no debemos comportarnos. Este detalle es muy importante en relación con el libro, que tratará de mostrar una realidad hacia la que no sentimos más que rechazo. Su curioso título es también un elemento importante en el planteamiento de la obra, ya que hace referencia a la temperatura a la que arde el papel.
En un gélido clima internacional -literalmente, ya que estos años estuvieron marcados por la Guerra Fría-, con dictaduras y enfrentamientos políticos y mientras el modernismo artístico florecía, se publica por primera vez en 1953, en Estados Unidos, esta novela.
En términos generales, se sitúa en un futuro en el que los bomberos, en lugar de extinguir el fuego, lo provocan. El objetivo de los incendios es la quema de libros, ya que la lectura o la sola posesión de obras literarias está prohibida. Esa es precisamente la ocupación de Montag, que encuentra el placer en las cosas más pequeñas: el olor de la palabra escrita al fuego y su destrozado matrimonio con Mildred. Vive una vida plenamente satisfactoria y, según él cree, feliz hasta que conoce a Clarisse, su nueva vecina de “diecisiete años y loca”, una muchacha a la que han enseñado a pensar por sí misma. A medida que se van conociendo, e incluso tras la desaparición de Clarisse, Montag comienza a cuestionarse su modo de vida.
Según el propio autor, es una especie de “aviso” de lo que podría llegar a ocurrir en el mundo (por eso un par de párrafos arriba nos interesábamos tanto por el detalle de que fuese un “cuento moral”). En este escrito no solo se trataba de explicar qué es el hombre, qué necesita para vivir o cómo se comporta ante el poder o ante las demás personas -cosa que, indudablemente, tiene una gran importancia- sino de los dos caminos que podemos tomar en la vida: a la derecha, Mildred, la esposa del protagonista, una mujer cuya voluntad ha sido anulada y que vive sentada mirando la televisión, pensando en la televisión o hablando de la televisión; a la izquierda, Clarisse, la joven vecina de Montag que, con su fresca y juvenil rebeldía, le hará cuestionarse los fundamentos más básicos de su vida.
En particular, puede ser interesante ver qué ideas éticas se transparentan en el texto (entendiendo ética como la manera correcta de vivir desde nuestra individualidad) al observar el comportamiento de los personajes principales y, por otra parte, al atender a la imagen que se da de un régimen político inadecuado mediante el análisis del gobierno de esta historia. ¿En qué medida podemos aprender una lección de todo ello? ¿^Realmente se nos está dando un modelo para aprender a tener una conducta adecuada? ¿Se nos muestra la manera más justa de gobernar? ¿O lo que nos hace aprender es, precisamente, el hecho de que nos neguemos a que ese sea el reflejo de nuestro futuro?
Desde el punto de vista ético, en la obra se nos ofrecen varios ejemplos de conducta a través de los personajes principales y de otros más secundarios. En general, podemos decir que los personajes principales que más profundidad tienen son Montag, Clarisse, Mildred, Beatty (el jefe de Montag) e incluso Faber.
Montag, el único personaje de toda la novela que tiene un desarrollo y que va creciendo a medida que va viviendo y adquiriendo nuevas experiencias. Al principio es como cualquier otra persona, sin plantearse nada y aceptando todo lo que viene del exterior (Gobierno, televisión, sociedad…) como hechos incuestionables y verdades absolutas. Sin embargo, hay una quiebra cuando Clarisse aparece y comienza a preguntarle si alguna vez leía los libros que quemaba, por qué la gente no se detenía a mirar y oler la hierba o si era feliz. Montag no dudó al principio: claro, era feliz. Después comenzó a darle vueltas y a sentir simpatía hacia Clarisse y se tomó mucho más en serio sus preguntas. Cuando Clarisse desapareció, empezó a hacer sus propias preguntas y a robar y almacenar libros en casa: ¿qué era lo que contenían? ¿qué podía ser tan importante como para invertir tantos recursos en encontrarlos y destruirlos sin dejar rastro? Poco a poco, empezó a darse cuenta de que, al fin y al cabo, no era feliz, de que había vivido engañado. No contento con ocultar libros en casa, comenzó a relacionarse con Faber, un profesor retirado que también guardaba libros. Montag cada vez se volvió más peligroso. Pero tener que quemar su propia casa fue la gota que colmó el vaso: mató a otro bombero y huyó con un grupo de personas iguales a él. Si hubiera que elegir dos momentos absolutamente rompedores para el personaje de Montag, deberían ser la irrupción de Clarisse y la quema de una casa en que no puede soportar el dolor de la mujer que vivía allí. Todos los demás acontecimientos y todas las experiencias parten de estos puntos iniciales. Montag nos muestra a la persona que está ciega a una realidad horrible y, gracias a que alguien comienza a abrirle los ojos, poco a poco se reforma y descubre la realidad del mundo.
En segundo lugar, Clarisse es una joven a la que no dejan relacionarse con otras personas porque es “insociable”. Ha crecido en una familia que no respeta la ley sino sus propias ideas, y eso es precisamente lo que ella ha aprendido. Por eso hace cosas que no se deben hacer: coleccionar mariposas, pasear por el bosque, pensar, no ver la televisión… Sin darse apenas cuenta, da una vuelta de ciento ochenta grados a la vida de Montag al hacer que empiece a cuestionarse su modo de vida y si realmente es tan importante tener una sala de televisión con cuatro pantallas. No pasa mucho tiempo hasta que Clarisse desaparece -no está claro de qué modo, aunque se habla de un atropello-. Clarisse representa la independencia, la claridad (de ahí su simbólico nombre), la verdad, la rebeldía y la fidelidad a los propios ideales. Es la figura hacia la que terminará caminando Montag.
El tercer y cuarto personaje, Mildred y BEatty, son muy similared, pro Mildred es mucho más pasiva y Beatty mucho más firme. La mentalidad de ambos es la misma desde la que parte Montag al principio de la obra: son dos ciudadanos modélicos que se dedican a hacer su trabajo sin cuestionar el orden establecido.
Mildred es adicta a la televisión y el que sea “pasiva” significa que recibe ciertas influencias desde el exterior sobre las que no reflexiona y que permiten configurar su personalidad de manera que sea una persona que no se preocupa por nada, que no tiene valores más allá de hacer lo que es socialmente correcto y que solo busca divertirse con el mínimo esfuerzo.
Por otra parte, Beatty es una de esas personas que no pueden buscar la excusa de estar influenciado por ideas externas, ya que es él quien da órdenes y quien trata de imponer sus opiniones a Montag. Esto nos demuestra que, o bien tiene esas ideas tan asumidas que las ha hecho propias o bien es un hombre sin escrúpulos. En cualquier caso, esta es la figura de la que Montag intenta alejarse.
Por último, a pesar de que Faber no es un personaje principal ni aparece demasiado en la novela, toma una posición diferente a la de los demás y es digno de mención. Faber está en desacuerdo con el Gobierno y demuestra su resistencia al ocultar libros en su casa, pero al mismo tiempo es muy cauto y tiene miedo de ser descubierto. Podemos decir que Faber es un hombre que se ha quedado en medio del camino que ha recorrido Montag: ha decidido cuál es su postura sin dejarse influir por la sociedad (se educó antes de la prohibición de leer libros) pero no es lo suficientemente valiente como para mostrarla públicamente o arriesgarse.
Desde el punto de vista político, en la obra se nos muestra un régimen bien cimentado que utiliza los medios de comunicación como el sistema perfecto para difundir ciertos mensajes y para doblegar la sociedad. De hecho, le da a la gente tantos placeres inmediatos e inventa tantos métodos de entretenimiento que la gente no se da cuenta de que ello implica mirar hacia otro lado cuando les están arrebatando cosas mucho más elementales y necesarias (libros, cultura, moral, ideales…).
Otro de los sistemas que se utiliza es el de eliminar u ocultar la existencia de personas contrarias a sus propósitos (las personas con las que Montag contacta al final de la obra o la propia Clarisse) de manera que las personas que comienzan a tener aspiraciones “antisociales” no pueden identificarse con otros a su alrededor y, al sentirse solos, no provocan problemas, como Faber.
En su conversación con Montag, Beatty hace referencia a cómo se debe tratar a la gente para que, desde que un punto de vista político, un lugar sea próspero y pacífico (al menos, aparentemente). Básicamente, se utiliza la maniobra de la distracción: hacer recordar capitales de Estado, canciones o datos curiosos para que la gente no preste atención a las cosas verdaderamente importantes.
Es otro diálogo con Clarisse hay referencias al sistema educativo: clases de televisión, de béisbol, baloncesto, carreras, transcripciones, históricas, pintura… Nadie hace preguntas y se responde de manera automática. Las clases no las da un profesor sino un vídeo.
En general, la mayor parte de la carga filosófica de la obra se distribuye en la dimensión ética. Es curioso cómo, además, los personajes son un reflejo de la  “relación literaria”: el autor es una especie de Clarisse que nos abre los ojos ante un mundo que nos horroriza, se espera que el lector sea un Montag que se dé cuenta de hacia dónde estamos caminando y decida tomar la postura de rectificarlo. También hay gente como Mildred, que ni siquiera se da cuenta de la distopía en la que vive, o como Beatty, que no solo es consciente sino que la considera adecuada, o incluso como Faber, que sí sabe lo que hay y cómo deberían ser las cosas pero no tiene coraje suficiente como para decidirse a mover un dedo.
La visión de la política que nos transmite la obra es la de un régimen brutal, a pesar de que no utilice métodos burdos, ni suma a los habitantes en la pobreza, provoque guerras o cause dolor a los ciudadanos. En este caso, es un régimen mucho más sutil, pero no por ello menos dañino.
En general, el autor utiliza estas ideas para incluirnos en su historia y en la realidad que crea para decirnos al oído que todas las injusticias que nos rodean deben provocar una reacción en nosotros e intentemos cambiarlas. En realidad, una obra que tiene un punto dramático y resignado muy fuerte no tiene otro mensaje principal que el de la esperanza en poder cambiar las cosas tarde o temprano.

11 opiniones sobre “Comentarios filosófico-literarios: “Fahrenheit 451” de Ray Bradbury

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  1. Me pareció corto pero bueno, está muy concentrado y muy completo.
    Lo que más me gusta, sin duda, es la conclusión. Lo filosófico, vamos.
    Muy bien.
    Tiene algunos fallos de haberlo pasado rápido a ordenador. Podrías revisarlo y pedirle a Guille que te lo modifique… 😉

  2. La verdad es que lo pasé bastante rápido y no tuve mucho tiempo de corregir erratas :S me harías un favor jeje ^^

  3. Excelente tu reseña, trate de buscar algunas sobre este libro, pero la mayoría son muy lacónicas y breves, la tuya es la que más me ha encantado y por ende me decanté en dejarte un comentario y felicitarte 🙂 sigue haciendo reseñas sobre esta clase de libros que son mis favoritos, un saludo,

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