Taller literario – Sesión 1 (Temporada II): Escritura automática

Benvidos ao novo curso que comeza para o blogue do Grupo Coreander. Despois dun relaxante verán voltamos ás clases mais tamén volve a actividade cultural (o que se pode) á facultade. E que mellor para comezar o ano que unha nova sesión dunha das actividades máis proveitosas do curso pasado: o noso taller literario. De feito aínda que no blogue só publicamos 6 sesións, chegamos a ter 9 que deron como resultado algúns textos moi interesantes. Penso que agora cuns meses de por medio xa non ten sentido rememorar actividades antigas, mais eses materiais verán a luz dentro do blogue, a cuestión será decidir o formato.

Nesta sesión inaugural da temporada II do noso taller decidimos facer unha actividade que revelase as potencialidades que temos agochadas, todas as ideas que pairan no subconsciente e as veces non encontramos: a escritura automática. Trátase dun “xogo” literario que empregaron desde os surrealistas franceses ou portugueses ata a xeración beat, dando obras tan impresionantes como o On the road de Kerouac. O método aplicado no noso taller consistiu en tres períodos de 6 minutos nos que estaba prohibido pasar máis de 5 segundos escribindo. Os participantes enfrontábanse o folio en branco sen ningunha idea, sen plans, só co obxectivo de plasmar realmente o seu ritmo interior. Penso que a actividade foi un éxito e algúns dos textos son moi interesantes, tanto a nivel estético como a nivel didáctico para o propio escritor. Esta actividade permite ver cales son as nosas obsesións, os nosos temas recorrentes, e ao mesmo tempo saen a luz os nosos vicios narrativos, os erros máis comúns. Comezamos co de Clara porque penso que ademais é moi representativo do que ocorreu nesa aula o pasado 26 de setembro. Espero que disfrutedes dos textos. De regaliño e para que escoitedes mentras ledes unha canción de Jacques Brel, que tamén recorda a ese París bohemio.

.

.

Clara Vidal

una alarma en forma de vibrador te timbra la cabeza y te la desbloquea. Lucía escribe. Tengo frío. Joder, es que hace frío. Puto otoño… Ya me habían avisado de que llegaría, pero… Ay, bostezo. Qué sueño! Joder, es que sí, es que hace sueño. Ya sabía yo que tenía que haberme acostado antes pero, jopetas, cuesta. Ahora tengo que esperar un montón de tiempo para volver a dormir y, buah. Me acabo de dar cuenta de que el ejercicio este que propone Guille lo que hace es que piense en mí como propietaria de una vida y agenda; porque estoy pensando que hoy será un día muy literario para mí en vez de pensar qué escribir aquí. La verdad es que me duele el brazo, ya, que este es el que tengo jodido. Tengo que paginar las hojas o luego no sabré dónde empezaba y dónde terminaba la mierda esta, porque con esta letra…
Ya está, ya puse el “1”, ahora voy… Ya. Ya giré la hoja. Jo, ahora tengo que poner el “2”. Venga, ya está.
Oh, Dios! Y pensar que ahora tengo que dar a alguien esto… Qué coño estarán escribiendo? Tamara y Lucía están haciendo trampas, trampitas. Y Maikel se parte él solo… Ay, Dios.
Joder, cómo me duele el brazo!!! Muero! Cuántos minutos quedarán? David saca la lengua cuando escribe. Es curioso. Yo también la saco cuando hago esfuerzos como…
(PARAR).
Joder, otra vez a la carga. Buah. Buah que Guillermo no está escribiendo. Ah, vale, ya sí. Estaba con el móvil y luego se puso a pensar. Vaya panda de tramposos. Qué fuerte me parece!
Venga, a ver, vamos a contar una historia que no es esto plan de contar mi vida en prosa…
Érase una vez… Bueno, así no. Joder, bostezo otra vez. Qué mal me parece el sueño que tengo! Tengo más sueño que un búho en Finlandia los seis meses de sol. Más que un nictálope que viva allí solo durante ese período del año de sol continuo. La verdad es que me está empezando a picar todo y eso es síntoma de incomodidad, nerviosismo o… Bueno, sí, quizá sea nerviosismo, porque Maikel no para con la piernecita. Que, jo, sabrá todo el mundo que hace eso que se trata de un tic nervioso? Que, bueno, a alguna gente se le muscula exageradamente una pierna mientras que la otra le queda fofa… Mi hermana de tanto moverla y, bueno, no sé quién más.
Creo que este ejercicio no puede ser bueno ni para mi brazo-pocho ni para nada. Mi sueño, por ejemplo.
Iba una niña por el bosque y se acabó el cuento. Ja, me parto yo sola. Buah, ahora me molesta una lentilla.
Inspiración? Hola? Inspiración? Clara llamando a subconsciente. Algo responde? Pues vaya mierda de tarea, tener que pasar esto. Me va a…
(PARAR).
Mierda. Mierda. Tos. Tos. Tos. Puto asma.
Venga, una historia fabulosa. Voy a hablar de colores. Que, digo yo, quién habrá colgado una hojita de libreta con más gama de colores que tiene el arcoíris? En el corcho, digo. Fijo que fue Lucía. Equisdéh.
Recuerdo que hace tiempo, yo había escrito una historia sobre gama de colores. Deberíamos utilizar más sus usos. No sé, hay colores que inspiran cosas. Claro que a cada persona le inspiran unas cosas diferentes. Bueno, creo que acabo de escribir sin sentido gramatical esa última frase pero tanto da, que no puedo leer. Tampoco puedo mirar a los niños, que se me intimidan. Así que ahora tendré dolor de brazo y también de cervicales. Qué bien!
Pues eso, lo de los colores. La realidad de los tonos y los pigmentos es muy peculiar y debería tener más empleo. Porque estudios, lo que se dice estudios, tiene.
O sea, hay estudios de arte, de diseño, de fotografía, de cinematografía, de… un montón de cosas. Hay estudios sobre filosofía del color, arte del color o literatura del color. Quiero decir: muchos. Entonces por qué no lo utilizamos en nuestras casas? O en comercios. Por ejemplo, si vas a hacerte un masaje a alguna parte y la habitación donde te lo dan no está pintada de azul o verde claro, no relaja… “Ya”, qué? Se acabó? Se acabó? Se acabó.”.

.

.

Maikel Chao Parapar

“Crime Scene”
Imágenes, imágenes, solo imágenes. Mi cerebro no procesaba nada más. ¡Imágenes! ¿Qué es esto? Sí, todo era de lo más extraño. Un árbol, una casa, un perro… No pensaba, observaba. Un camino, una vaya, una rata y un balón. ¿Por qué a mí? ¡Qué cosas! Una puerta blanca, una ventana de madera, un cristal roto, pedazos en el suelo… ¡SANGRE! Parqué, té, hielo ¿Te helado? ¡Pero si es invierno! Un pedazo de plástico… “6” pude leer en él. ¡Qué cosas! ¿Me habría emborrachado? No, yo no. ¿Ellos quizás? ¡¿El mundo entero?! ¿Qué pasaba allí? No, ese no era el tema. ¿Qué había ocurrido? Ese sí que era lo que les importaba. Un horno encendido, un horno abierto, unos moldes sucios… ¡Un bizcocho! Un mantel bordado, un cuchillo con mermelada de fresa, ¿o era de frambuesa? Tal vez era… ¡SANGRE! ¿Por qué sangre? Solo pensaba en ello… Una película de Alfred Hitchcock… Vasos, tres vasos, ¿o eran cuatro? No, eran tres. ¿Cuentan las tazas como vasos? Creo que no, Tres vasos y una taza. Sí, eso pondré. Lo detallaré bien (que luego me riñen…) Una marca, ¿dónde? Pues en el vaso… ¿dónde va a ser? ¡¿Qué estoy mirando! ¡Pues los vasos! ¿Pintalabios? Sí, rojo… ¿Era pintalabios? Parecía que sí pero… ¡SANGRE! De nuevo ¡SANGRE!
Las escaleras, allí solas, apartadas, marginadas… ¡sin poder hablar con el resto de la casa! ¿Hablar? ¡Qué cosas digo! Subo despacio, despacio, muy muuuuuuuy despacio. Un pasillo largo, muuuy laaargo. Cuento. Cuento y vuelvo a contar. Cuento de nuevo: ¡cinco! Sí, eran cinco las puertas que había. Cuento de nuevo ¡Una había desaparecido! ¡Ah, claro! Ya lo entiendo… He contado el tira ropas. ¿Tira ropas? Sí, no sé su nombre. Me informaré para el informe. ¡Qué redundancia! Todo en mi mente es caos y desorden… ¿Soy así en verdad? No, soy ordenada; seguro. Abro una de las puertas. ¡Yo! Era un espejo… Dos mesas, una cama, un espejo. ¡Otro espejo! Pienso en Narciso, Narciso… ¡Qué narcisismo! Dos barras de labios… ¡Son marrones! No concuerdan con sus labios. Una alfombra. ¿Roja? Esta gente está obsesionada con el rojo. Bueno, es el color de mi trabajo… ¡SANGRE! Otra vez esa imagen. Polvos de talco… Qué cosas… miro en la coqueta y me miro en el espejo. Mi pintalabios es horrible, ¿me había mirado antes de salir de casa? Lo tiraré al llegar. Regreso al mundo, a mi trabajo. Pintauñas, fotos en el suelo… Las cojo, las miro y las vuelo a mirar. Salgo y voy a otra habitación. ¡Es un ropero! Un ropero que ocupa dos habitaciones… ¡y con dos puertas! Me siento en la butaca acolchada y miro los vestidos… Dolce&Gabanna, Versace… Miro los bolsos. ¡Qué envidia!
Salgo y voy al baño, todo parece estar en orden. Parece, por eso uso este verbo. Recojo un preservativo. Grito: “¡Que lo analicen!”. Grito y grito. No llega nadie. Grito de nuevo y viene Ortega, con su uniforme y su horrenda corbata. “¡Toma!”, observo su cara de asco, “¡cógelo!”. Vuelvo al pasillo, miro al fondo y hay un cuadro. ¿Lo había visto antes? Creo que no. No, no le presté atención. Lo miro bien. Parecía un Picasso. ¿Sería real? ¿Tendrían tanto dinero? Lo toco, siento sus trazos. No, no creo que sea real… ¿He terminado? Sí, creo que sí.

.

.

David Neira Palacios

Estando en la antesala de la oscuridad, la luz no pudo, cuanto menos, titilar ante la presencia de aquel ente asfixiante que no le dejaba soñar. La oscuridad, risueña, a través del velo que le cubría la cara pronunció una palabra:
-Solo.
Si, la luz se encontraba sola. Sola y perdida en este mare magnum liquido de oscuridad que se diluía a través de cada gota que caía en el vaso del lector. Este, impasible, no pudo hacer más que observar la joven luz que se transmitía a través de su ventana y que iba empequeñeciéndose debido al atosigante abrazo eterno de lo oscuro, lo tenebroso y lo profundo. Después, el lector, se convirtió en escritor, no dejaría que la luz se apagase, debía salvarla de todo mal. Así que, soltó el libro y cogió la pluma y el papel: símbolo inequívoco de cualquier escritor que se precie.
Comenzó a escribir, primero con calma, luego con furia: las palabras se expulsaban a través de la tinta y la punta metálica del artefacto que sostenía entre sus manos. Intentaba, profunda y desesperadamente, devolver a la luz al sitio que se merecía. Pero no solo no lo logró, sino que del interior del papel las letras comenzaron a cobrar vida, del papel surgió el todo y la nada. Todo lo oscuro, tenebroso y siniestro del mundo se juntó como una rebanada de pan a la manteca de cacahuete y se adhirió al mundo exterior. Brazos, intestinos, ganchos, gigantes deformes, vampiros transexuales y todo tipo de aberraciones surgieron de el mundo que había creado el joven escritor que deseó, en lo más profundo de sí, volver a ser un inocente lector. Pero surgió el todo y la nada, así como oscuridad también surgió luz, una luz mucho más brillante que la que en un principio había titilado ante la poderosa negrura. Surgieron: ángeles, niños, dioses y humanos que se interpusieron a los engendros que pugnaban por salir del papel inocente que soportaba como sus fibras se estiraban y le provocaban un dolor incesante.
Llegado este punto, surgió el equilibrio y con él el mundo y todas sus criaturas, tanto buenas como malas. Blanco y negro se fundieron y crearon toda una gama de colores que dependía del grado de bondad o maldad que sostenía la criatura, pero ese conocimiento está perdido, lo único seguro era que el gris era el color más neutral. El escritor, sobrecogido por toda su creación, por unas simples palabras en un trozo de papel estaba tanto maravillado como atemorizado. Había creado un mundo de posibilidades infinitas donde hasta la más ínfima variante podría desencadenar una catástrofe, quizás un solo hombre pudiera provocar una rotura profunda en la tierra y en sus habitantes. Sin embargo, el escritor observó como las criaturas más afines tanto a la luz como a la oscuridad se ocultaban entre los pliegues del pergamino que era su mundo, esperando acechantes a que el escritor se decidiera a desdoblar la hoja y poder entrar en el mundo de las criaturas que debían salvar, en el caso de los iluminados, o destruir, en el caso de los oscuros. Sin embargo, el escritor supo que el equilibrio del escrito no podía ser trastocado.

.

.

Tamara Barreiro Neira

La penumbra cayó repentinamente sobre la ciudad, como si hubiera tropezado.
Mientras, o caminaba con tres libros bajo el brazo y cada uno era un secreto. Uno de los secretos se escurrió y cayó al suelo, quedando destripado, abierto en canal -como si un asesino lo hubiera descuartizado.
Una sombra se escurrió sobre el secreto, pero, envuelta en oscuridad, casi no podía distinguirla: ¿era hombre? ¿era mujer? ¿o era… aquello?
Era tarde, y el toque de queda había tocado hacía tiempo. Despistada, como habitualmente, no e había dado cuenta de que habían pasado las 8 y debí marcharme para llegar a casa antes de una hora. No podía estar en la calle, era peligroso, especialmente hoy, cargando con dos enormes secretos y viendo otro chiquitín que yacía ante mí como un sacrificio.
La sombra se agachó y recogió el libro. Volvió a cerrar el secreto y me lo tendió solemnemente. Tal vez solo era que a mí me parecía solemne.
Estaba asustada.
Podía ser cualquier cosa.
Miré fijamente a un árbol para tranquilizarme. Árbol. Árbol, árbol, árbol. Pájaro. Nido, rama, hojas… Todo era normal, aunque tuviera que adivinarlo más que verlo. Era fascinante como la consciencia del peligro y la oscuridad cambiaban una calle que subía y bajaba todos los días.
Con rapidez murmuré un “muchasgracias,señor” y me alejé a paso rápido. Árbol, árbol, árbol.
El hombre me agarró del antebrazo: “¿Vas sola? No puedo permitir que camines por la ciudad sin compañía, dados los tiempos que corren y los peligros que acechan en las esquinas. Déjame acompañarte”. Árrrrrrrrrrrrrrbol.
Alejé a mirada del punto dentro de mi cabeza en el que me estaba concentrando y miré a mi interlocutor -aunque y no había hablado mucho- aturdida y nerviosa.
Parecía normal. Con un suspiro pensé “¡áaaaaaarbol…!” como si fuera un mantra. Tenía el cabello largo y oscuro, muy revuelto, y los ojos de un extraño color pardo. Trigo.Tierra. Ojos pardos.
Parecía normal y, sin embargo, no lo parecía: era una hermosa estatua de mármol.
Era, tal vez, una amante secreta del peligro, de esas que tienen que cuidarse de no dejar manchas de carmín. Árbol, árbol árbol. Le dije automática que sí. Por algún motivo, mi boca no había entendido el “¡ALERTA!” de mi cerebro. Árbol, árbol. ¡Podía matarme en un segundo! Todos decían que “ellos” iban vestidos con ropajes de sensual misterio, que eran hermosamente atractivos -árbol, árbol- y desde luego el que estaba delante de mí definitivamente lo era.
Pero ya estaba caminando a su lado, su brazo rozado mi brazo, oía su respiración, y seguía con mi “árbol”. Árbol, árbol, árbol. Árbol.
————————————————————————————–
Estaba en mi habitación: las paredes rojas, el suelo de madera.
Me metí en a cama las sábanas blancas la colcha gris, las sábanas suaves y cálidas. Árbol.
No podía dejar de pensar: seguía viva, árbol. Estaba cristalinamente claro qué era él y, sin embargo, me había colocado una tarjeta en la mano antes de irse, y se había marchado rompiendo el horizonte. Y yo todavía seguía estrujando la tarjeta.

.

.

Guillermo Rodicio

Un paquete verde de galletas, que non se sabe si llegó allí de casualidad o si lo trajo a propósito el comandante. Sin duda todos los allí reunidos dudaban mucho de la moralidad de sus actos, pero no cabía duda de que las galletas estaban muy ricas. Durante la Guerra Fría ese hombre había matado a rusos con familias, con familias muy grandes, alguno con 8 hijos que a su vez habían tenido más hijos todos rusos y bien rollizos, que no dudaban en hablar ruso durante un gran porcentaje de su vida. Pues el comandante los había matado así, sin más, sin darse un pijo de importancia, tampoco a sangre fría, porque ellos supongo que sabrían que en la Guerra Fría pues yo que sé, ser ruso podía ser un problema. Pensándolo así no parecía todo tan inmoral, y el comandante con su uniforme incluso parecía todo un patriota que aún por encima tenía el detalle de traer galletas a las reuniones. Pero bueno, tampoco es que yo sea ruso, ni tengo hijos ni nietos rusos, aunque sí que bebo a veces vodka, lo cual sin duda ayuda a ver con buenos ojos al señor este.

Por otra parte no me he dejado barba en los últimos meses, y me sé de buena tinta que eso en los congresos de este tipo suele estar muy mal visto a no ser que seas japonés, en cuyo caso estás excluido, digo yo que por lo de la bomba de Hiroshima, o por la malísima influencia de un gato azul como Doraemon.

Soy escocés, lo admito, lo he llegado a confesar en público, ya no me pueden insultar estos hijos de mala madre con ínfulas de líderes autoritarios. No soy pelirrojo, no llevo falda, pero puedo beber más whisky que todos ellos y he nadado borracho en más lagos que la mayoría. No he tomado el sol desde el caluroso verano de 1985, cuando aquella vieja señora de Inverness nos llevó a su casita en un pueblito de los Borders y tuvimos aquella orgía tan extraña con unos estudiantes de intercambio. Oops, que recuerdo más reprimible la verdad, es la típica cosa por la que te echan de la ONU, aunque luego puedes escribir un libro de memorias repleto de interesantes alegorías metafóricas a los genitales de todo tipo y condición.

“De todo tipo y condición”, otra frase hecha ¿Será una costumbre escocesa hablar como nuestros padres pero metiendo referencias a Internet? Porque yo la verdad cuando me reúno con mis hermanos me fijo en lo que nos separa, supongo que por afirmar mi propia identidad, pero en realidad somos jodida, incluso absurdamente parecidos, como que nos ha parido la misma señora de peso medio (no acepto bromas de gordas con mi madre) escocesa. ¿O será cosa de todo el mundo? Aquí en la ONU los chinos parecen muy chinos, y creo que precisamente soy más objetivo porque nací en una isla y solo fui a China una vez, precisamente con el comandante del que hablábamos antes por unos temas diplomáticos.  Y en China todos parecían chinos, y estoy seguro de que estadísticamente muchos tienen que tener antepasados mongoles, litros de sangre japonesa e hindú, pero yo con mis gafas europeas no los veía. Será el peso cultural opresor de las diferencias individualistas estructurales, porque me niego a pensar que soy un etnocentrista, que ruso no hablo, pero leo en 7 idiomas y 3 de ellos fueron muy chungos de aprender. O al menos a mí me lo parecieron.

.

.

Lucía Laya

Los cables del teléfono están vacíos. Los árboles no pueden aguantarlo más. Las nubes aúllan y la marea ruge. No podemos hacer esto. No seremos capaces. El tigre aparece por el este, pero nadie le hace caso. No es importante. ¿Estamos condenados? De repente, llueve arena. Los pájaros se cuelgan a revés de las ramas, como murciélagos. Todo comienza a balancearse y a dar vueltas. Surge un ciervo de la nada. Un ciervo cuyas astas forman casi una corona. El silencio hace presencia. La tensión es palpable en el aire. Llega una bandada de peces que se mezclan con la lluvia de arena. Ahora llueve arena mojada y peces muertos.

Si alguna vez te pasa esto, tienes que cavar un hoyo en el suelo o meterte en lo más profundo de una cueva y esperar a que todo pase. Si, cuando sales todavía o ha acabado, tienes que quitarte la ropa y cubrirte de barro. Así  todo se soluciona.

Un cuervo te mira y gira la cabeza con expresión de asombro. ¡Eh, que no es tan raro! Tú vas desnudo a diario y nadie te dice nada. Ahueca una de sus alas y se pone unas gafas de aumento, para verte con más nitidez. Te sientes diminuto al lado de ese pajarraco negro de cuatro metros que te observa con mirada científica. Pero te da igual, total, ya estás cubierto de barro… Echas a correr y entras en un edificio que, a priori, está abandonado. Se ha colado arena de la lluvia rara de antes. Los libros se amontonan en los lados de la entrada. Debe ser una biblioteca. Eso, o un cementerio de libros. Para que luego digan que el saber no ocupa lugar… Bajas por unas escaleras. Bajas, bajas, bajas, bajas y sigues bajando. Al menos siete pisos, todos llenos de libros, cada cual más roto y desgastado que el anterior. Nadie te va a buscar en lo bajo del mas bajo sótano del edificio más solitario de la ciudad. Al menos eso crees tú. Cuando las escaleras se acaban y llegas al sótano más profundo, paras para recuperar la respiración (y porque no hay otro camino que no sea hacia arriba). El aire está  cargado de polvo y te cuesta un poco respirar. Rebuscas un sitio oculto para esconderte. Tu primera opción es sacar una pila de libros y esconderte en el hueco. Lo descartas en cuanto uno de los tomos se deshace en tus manos. Hala, menudo montón de mierda. Se te ocurre subirte a una estantería. Allí tumbado nadie te verá desde abajo. Te das cuenta de que las estanterías van del suelo al techo. Strike 2. Entre las sillas arrimadas a las mesas tampoco es una opción, es demasiado obvio. Entonces, te apoyas en una de las paredes, a meditar por donde seguir. Tras un rato largo y varias malas posturas, das con el codo en una grieta, por la que notas que pasa el aire. ¡Qué raro! ¿Tan bajo en la tierra y hay corriente? Intentas agarrar la grieta metiendo los dedos en la hendidura. Tiras, tiras y tiras asta que al final cede. Te encuentras con una nueva sala, completamente vacía salvo por un viejo pozo en el centro. Posiblemente seco. Decides probar a esconderte en él. Coges una cuerda que estaba en una de las estanterías anteriores, te atas la cintura y te cuelgas dentro. Algo va mal. La cuerda se suelta y caes al vacío. Llegando al fondo descubres que hay una especie de líquido fluorescente. Caes. Todo implosiona.

 

3 opiniones sobre “Taller literario – Sesión 1 (Temporada II): Escritura automática

Add yours

  1. Xa que non puidemos ler todos os textos no taller, aproveito este espazo.
    Para os lectores do blogue que non sexan do taller, Guille confundiuse ao re-escribir a nosa actividade: “tres períodos de 6 minutos nos que estaba prohibido pasar máis de 5 segundos escribindo”. O que estaba prohibido era pasalos sen escribir! E dígoo eu, que no meu texto aparecen algúns trampulleiros…! XD
    David, tés unha narración moi unitaria. Moi propia ao teu estilo, sobre todo na descrición. Sen pór o teu nome, eu sabería que é túa. Tamén penso que reflictes no texto a verdadeira escrita automática.
    Tamara, encántame o “muchasgracias,señor”. XD Non vexo en ti un estilo tan característico como si vía en David, por exemplo.
    E… xa. Teño ganas de que sexa publicado o seguinte artigo e ler poemasssss! Sobre todo o de Pablo. XD
    Hale.
    Apertas para “everybody”!

    Clara.

  2. Gracias por el comentario Clara. A mí a pesar de que el tuyo es un texto muy inmediato (no en plan mal) si que hay puntos reconocibles tuyos como la lógica y la pauta que utilizas. (no se sí me explique bien XD) Los demás textos ya los comente en el taller creo.
    Saludos chavales.

Deixar unha resposta

introduce os teu datos ou preme nunha das iconas:

Logotipo de WordPress.com

Estás a comentar desde a túa conta de WordPress.com. Sair /  Cambiar )

Google photo

Estás a comentar desde a túa conta de Google. Sair /  Cambiar )

Twitter picture

Estás a comentar desde a túa conta de Twitter. Sair /  Cambiar )

Facebook photo

Estás a comentar desde a túa conta de Facebook. Sair /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog en WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: